¡Hola! Mi nombre es Sarima
¿Te resultan familiares estas frases?
Son creencias que durante años aparecieron en mí aparente mente.
- “No me da la vida para todo lo que tengo que hacer.”
- “Si no controlo la clase, se me va de las manos.”
- “Tengo que llegar a todo para ser un buen docente.”
- “Si un alumno fracasa, de alguna forma es por mí.”
- “Las familias no entienden lo que hacemos en el aula.”
- “Si mi pareja me quisiera de verdad, cambiaría.”
- “Necesito que me entienda para poder estar bien.”
- “El amor debería ser fácil si es la persona adecuada.”
- “Sin mi pareja no puedo estar completo/a.”
- “Si discutimos, es porque algo no funciona en la relación.”
Durante años, este tipo de pensamientos formaron parte de mi día a día como docente y compañera en una relación. Una vida marcada por la exigencia, el ritmo acelerado, la burocracia, la dificultad para poner límites y una sensación constante de no llegar a todo.
Hasta que el cuerpo empezó a hablar con claridad.
Hace tres años sufrí un episodio de urgencia en el centro escolar. El estrés acumulado, la presión sostenida, los desplazamientos diarios y la desconexión de mis propias necesidades terminaron en un colapso físico que me obligó a detenerme.
No fue un punto de llegada, sino un punto de inflexión.
Dos años después tomé la decisión de pedir una excedencia. No desde el diagnóstico, sino desde la escucha de algo más profundo: el cuerpo señalando que la forma de vivir y de trabajar ya no era sostenible para mí.
A partir de ahí comenzó otra forma de mirar.
No solo hacia la educación, sino hacia la vida, las relaciones y la forma en que nos vinculamos con nosotros mismos y con los demás.
No es casualidad que los últimos estudios realizados, nos den la cifra de 80% del personal docente está en peligro de padecer una depresión. Y es que mi querido compañero, estamos comprando papeletas diariamente.
Educación y relaciones como espacios de conciencia
La educación no es solo transmisión de contenidos. Es un encuentro vivo donde la calidad de la presencia lo transforma todo.
Las relaciones no son únicamente dinámicas personales, sino espejos donde se revelan patrones, creencias y automatismos profundamente aprendidos.
Cuando esto se empieza a ver con claridad, la vida deja de vivirse únicamente desde el esfuerzo y comienza a abrirse como un espacio de exploración consciente.
Una misma mirada
Educación, relaciones y acompañamiento no son caminos separados.
Son distintos contextos donde la conciencia se expresa y se reconoce a sí misma.
Cuando esto se ve, la vida deja de ser un problema a resolver y empieza a vivirse como un campo de presencia, aprendizaje y descubrimiento.
Un regreso continuo a lo que ya somos.
Una misma raíz: separación
Desde una mirada no dual, gran parte del sufrimiento humano surge de una sensación de separación: un “yo” que intenta gestionar la vida, controlarla, mejorarla o sobrevivir a ella.
En la educación, en las relaciones y en el trabajo, esta sensación se expresa como exigencia, tensión, reactividad o agotamiento.
Acompañamiento desde el movimiento consciente
Desde este lugar nace mi acompañamiento.
Un espacio donde integrar movimiento consciente, exploración interna y autoindagación para observar directamente cómo se construyen nuestras experiencias, nuestros vínculos y nuestra identidad.
No para convertirnos en alguien diferente, sino para reconocer lo que ya está presente antes de la historia personal.
Autoindagación: volver a lo que es consciente
La pregunta no es solo qué estoy viviendo, sino:
¿Qué es lo que es consciente de esto ahora?
¿Qué es aquello en mí que permanece incluso cuando todo cambia?
En esa dirección, la experiencia deja de ser únicamente algo que nos ocurre, y empieza a revelar su naturaleza más profunda.
Durante años exploré, aprendíy apliqué distintas herramientas, técnicas y enfoques, creyendo que me ayudarían a gestionar lo que vivía.
En esos momentos no entendía que es imposible gestionar lo que es.
- MBSR y MMB (Mindfulness-based stress reduction and Mindful Mood Balance Centro Presentía , Granada).
- Mindfulness y Coaching en el ámbito educativo (Cep de Granada)
- Experto universitario en Mindfulness en el ámbito educativo (Universidad de Extremadura)
- Como crecer ante la adversidad (Enric corbera Institute, Barcelona).
- Formación en “THE WORK (Byron katie).
- Las 5 heridas del alma. (En tu Zentro. Madrid)
- UCDM y Vía de la transformación.
- Formación en Biodanza 3 años ( Escuela Vida . Granada)
Déjame decirte algo con claridad y con el corazón en la mano.
Hoy puedo honrarlas por lo que fueron en su momento: intentos valiosos de comprender la vida, la mente y las relaciones.
Y, sin embargo, algo fue cambiando.
Empecé a ver que no se trataba de acumular más herramientas, sino de mirar con más profundidad desde dónde estaba viviendo, enseñando y relacionándome.
Desde ahí aparece una comprensión más simple.
No hay una vía para “llegar” a vivir de otra manera. Hay un reconocimiento progresivo de lo que ya está aquí cuando dejamos de vivir completamente identificados con la carencia, la exigencia o la necesidad constante de mejora.
Desde este lugar, la educación consciente no es un ideal al que aspirar, sino una forma de estar. Un modo de relacionarnos en el aula, con el alumnado, con las familias y con nosotros mismos, desde mayor claridad y menos tensión interna.
Cuando esto se reconoce, la relación cambia de naturaleza.
Deja de vivirse desde la escasez, la demanda o la urgencia de control, y empieza a abrirse a algo más amplio: una forma de convivencia donde es posible aprender, enseñar y vivir desde mayor presencia y humanidad compartida.
No es casualidad que estés leyendo estas líneas.
Quizá sea una invitación a mirar con más honestidad cómo estás viviendo tu profesión, tus relaciones y tu día a día.
A veces la vida —tal y como la experimentamos— nos muestra con claridad aquello que ya no podemos seguir ignorando: el cansancio, la exigencia, la desconexión o la sensación de estar funcionando en automático.
No como un error, sino como una oportunidad de ver más profundamente.
De reconocer cómo estás viviendo… y desde dónde.
Porque cuando esa mirada se abre, algo empieza a reorganizarse de forma natural.
La relación contigo, con tu trabajo, con tu familia y con la vida cotidiana puede comenzar a sentirse menos como una carga y más como un espacio de presencia, aprendizaje y encuentro.
No se trata de llegar a un ideal.
Se trata de descubrir cómo se vive cuando hay más claridad, más escucha y menos identificación con la tensión constante de “tener que llegar a todo”.
¡Sí resuenas con alguna de estas palabras, no dudes en ponerte en contacto conmigo!
